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Exesposa de Scott Weiland: 'Mis hijos perdieron a su padre hace años'

2015-12-10 17:04:07

Mary Forsberg Weiland, exesposa del fallecido excantante de Stone Temple Pilots, Scott Weiland, envió una dura carta sobre lo que pensaba del artista y el mundo que lo rodeaba. Dicha carta fue publicada en la edición de Rolling Stone.
 
 
El 3 de diciembre de 2015 no es el día en que murió Scott Weiland. Es el día que el público usará oficialmente para llorarlo y fue el último día en que pudo ser puesto frente a un micrófono para el beneficio financiero o el disfrute de otros. La efusión de condolencias y plegarias ofrecidas a nuestros hijos, Noah y Lucy, ha sido sobrecogedora, apreciada e incluso consoladora. Pero la verdad es que, como muchos otros chicos, ellos perdieron a su padre hace años. Lo que verdaderamente perdieron el 3 de diciembre fue la esperanza, destaca Mary.
 
 
La exmujer de Weiland aseguró además que no queremos minimizar el increíble talento de Scott, su imagen o su habilidad para encender cada escenario con brillante electricidad. Mucha gente ha sido lo suficientemente elegante como para elogiar su don. La música está aquí para quedarse. Pero en cierto punto, alguien debe dar un paso al frente y decir que sí, que esto va a volver a suceder, porque como sociedad casi que lo apoyamos. Leemos críticas de shows pésimos, vemos videos de artistas en caída, incapaces de recordar sus letras que están en un teleprompter a sólo unos centímetros de distancia. Y entonces hacemos click en ´agregar al carrito´, porque lo que en realidad debería estar en un hospital ahora se considera arte.
 
 
Además, Mary Forsberg no dudó en criticar el rol que el músico tuvo como padre. ¡Si leímos que disfrutó estar con sus chicos y que hacía cinco años que estaba limpio de drogas! En realidad, lo que no quisiste reconocer fue a un paranoico que no podía recordar sus propias letras o que sólo fue fotografiado con sus hijos un puñado de veces en 15 años de paternidad. Siempre quise compartir más de lo que cualquiera soportaba. Cuando escribí un libro hace unos años, me dolió restarle importancia a tanto dolor y lucha, pero hice lo que consideré mejor para Noah y Lucy. Sabía que ellos un día iban a ver y sentir todo aquello de lo que traté de protegerlos, y que en algún momento iban a ser lo suficientemente valientes para decir ´Ese desastre fue nuestro padre. Lo amamos, pero una mezcla de amor y decepción muy profundamente arraigada constituyó la mayoría de nuestra relación con él´.
 
Incluso recordó los duros episodios que le toco vivir al lado de Weiland, sucesos que habría aguantado por sus hijos. Incluso después de que Scott y yo nos separamos, pasé incontables horas tratando de calmar sus ataques de paranoia, llevándolo a la ducha y dándole café, sólo para poder arrastrarlo hasta el público en el show de talentos de Noah o el musical de Lucy. Esos breves encuentros fueron mis intentos de darle a los chicos un sentido de normalidad con su padre. Pero cualquier cosa más larga, a menudo se convertía en algo alarmante e incómodo para ellos. Estar inmersa tantos años en las múltiples enfermedades de Scott me llevó a la depresión; en un punto, fui diagnosticada erróneamente como bipolar. Temí que lo mismo fuera a pasarle a los chicos. Hubo momentos en que los Servicios de Protección Infantil no lo dejaban estar solo con ellos.
 
Finalmente, Mary Forsberg sintetiza que Noah y Lucy nunca buscaron la perfección en su padre. Simplemente siguieron esperando un pequeño esfuerzo. Si eres un padre que no hace su mejor esfuerzo, todo lo que se te pide es que lo intentes con un poco más de ganas y que no te rindas. El progreso, no la perfección, es por lo que tus hijos rezan. Nuestras esperanzas por Scott han muerto, pero todavía hay esperanzas para otros. Elijamos hacer que esta sea la primera vez en que no glorificamos su tragedia con palabrerío sobre el rock and roll y los demonios que, de paso, no tienen por qué venir con la música. Pasen de largo de la deprimente polera con la inscripción 1967-2015, usen ese dinero para llevar a un chico a la cancha o a comprarle un helado.